En la minería circular, el agua deja de ser únicamente un insumo operativo y se convierte en un recurso estratégico. La recirculación, el tratamiento y la recuperación desde los relaves están redefiniendo el diseño y la gestión de las operaciones.
Durante mucho tiempo, la gestión del agua en minería se abordó principalmente como una cuestión de permisos, abastecimiento y cumplimiento ambiental. Hoy, esa mirada resulta insuficiente. La disponibilidad del recurso, la variabilidad climática, la competencia entre usuarios y las exigencias sociales han convertido el agua en una variable estratégica para la continuidad y competitividad de los proyectos.
La pregunta ya no es únicamente cuánta agua necesita una operación. También importa cuánto puede recuperar, qué calidad puede mantener, qué fuentes puede evitar utilizar y cómo puede demostrar que su gestión no afecta a otros usuarios ni al entorno.
Esta transformación forma parte de una tendencia más amplia hacia la minería circular: un modelo que busca mantener los recursos dentro del ciclo productivo durante más tiempo, reducir pérdidas y disminuir la dependencia de nuevas materias primas o fuentes naturales.
En una operación convencional, el agua ingresa al proceso, se utiliza en actividades como molienda, flotación, transporte de relaves o control de polvo y luego se recupera parcialmente, se trata o se descarga. En un modelo circular, el objetivo es diseñar circuitos que permitan recuperar la mayor cantidad posible y reutilizarla en distintas etapas.
Esto exige analizar el agua como parte de un sistema. No basta con aumentar el porcentaje de recirculación si la calidad del agua afecta la recuperación metalúrgica, acelera la corrosión, incrementa el uso de reactivos o genera nuevos riesgos ambientales.
Por ello, una estrategia hídrica debe integrar:
El enfoque es similar al de una cadena de valor: cada flujo debe tener un uso definido, un indicador y un responsable.
Los relaves son uno de los principales espacios para mejorar la eficiencia del agua. Después del procesamiento del mineral, este material contiene sólidos y agua que pueden separarse mediante tecnologías como espesamiento, filtración o disposición en seco, dependiendo de las características del mineral y las condiciones del proyecto.
La recuperación de agua desde los relaves puede reducir la necesidad de captar agua fresca, pero también tiene implicancias geotécnicas y operativas. Una mayor concentración de sólidos puede modificar la estabilidad, el transporte, la disposición y el comportamiento del depósito. Por eso, las decisiones deben evaluarse conjuntamente desde la ingeniería de procesos, la gestión hídrica y la seguridad de relaves.
Investigaciones recientes han estudiado sistemas de desaguado de relaves y recuperación de agua en operaciones cupríferas ubicadas en zonas áridas, incluyendo el uso de agua de mar y tecnologías de descarga líquida cero. Estos avances muestran que el desafío no consiste en aplicar una solución universal, sino en adaptar la tecnología a la mineralogía, el clima, la infraestructura y el balance hídrico de cada operación. Fuente: PMC
La gestión circular del agua puede apoyarse en distintas soluciones:
Permite devolver agua recuperada a la planta y reducir la demanda de nuevas fuentes. Su desempeño depende del control de sólidos, sales, metales disueltos y reactivos acumulados.
Estas tecnologías separan una mayor proporción de agua antes de la disposición de relaves. Pueden mejorar la recuperación hídrica y reducir el volumen de agua libre, aunque requieren evaluar consumo energético, costos y estabilidad.
La filtración, la ósmosis inversa, la nanofiltración y otros procesos pueden adecuar el agua para nuevos usos. Su conveniencia depende de la calidad requerida y de la energía necesaria.
En zonas costeras, puede reducir la presión sobre fuentes continentales. Sin embargo, demanda infraestructura, energía y una evaluación completa de los impactos asociados a captación, conducción y descarga.
Los sensores, balances hídricos y sistemas de alerta permiten detectar pérdidas, cambios de calidad y riesgos antes de que se conviertan en interrupciones o incumplimientos.
El Perú tiene condiciones muy diversas: operaciones en zonas altoandinas, territorios áridos de la costa, cuencas con usos agrícolas y comunidades que dependen de fuentes de agua vulnerables. Por eso, una estrategia que funciona en una unidad minera no necesariamente puede replicarse sin modificaciones en otra.
La OCDE ha señalado que mejorar la reutilización y el reciclaje del agua permitiría reducir la cantidad de agua que retorna desde los sitios mineros hacia las cuencas. Esta recomendación apunta a una tarea que combina tecnología, regulación y gobernanza territorial.Fuente: OECD
También existen experiencias empresariales que muestran el potencial de la recirculación. Durante el World Mining Congress 2026 se afirmó que las operaciones mineras peruanas a tajo abierto podrían alcanzar tasas de recirculación de hasta 97%, aunque este valor debe entenderse como un potencial o referencia sectorial, no como un promedio general de toda la minería peruana.
Fuente: El comercio Desdeadentro
Esta precisión es importante. El porcentaje de agua recirculada no explica por sí solo el desempeño hídrico de una operación. También deben considerarse el volumen de agua nueva captada, la calidad del agua, el consumo por tonelada procesada, las pérdidas, los vertimientos y la relación con la cuenca.
Un sistema de indicadores puede incluir:
Medir solo la recirculación puede generar una visión incompleta. Una planta podría reportar un porcentaje elevado, pero mantener una captación significativa debido a su gran volumen de producción. El indicador debe conectarse con el balance hídrico completo y con los riesgos de la cuenca.
La gestión hídrica dejará de ser una función aislada de las áreas ambientales. Deberá incorporarse desde la exploración y el diseño de la planta hasta la operación, la ampliación y el cierre.
Esto implica preguntarse desde el inicio:
La minería circular del agua no consiste en perseguir un porcentaje ideal. Consiste en reducir la dependencia de nuevas fuentes, recuperar valor dentro del proceso y gestionar el recurso con información técnica, planificación y transparencia.
La nueva frontera de la minería no será simplemente usar menos agua. Será usar el agua de manera más inteligente, segura y compatible con el territorio.
Significa recuperar el agua utilizada en una etapa del proceso y devolverla a la operación para un nuevo uso, en lugar de captar continuamente agua fresca.
Entre las principales se encuentran el espesamiento, la filtración, la disposición en seco y distintos sistemas de tratamiento, según las características del mineral y del proyecto.
Puede reducir la presión sobre fuentes continentales en zonas costeras, pero requiere evaluar su consumo energético, infraestructura, costos e impactos ambientales.
Con indicadores como agua recirculada, consumo de agua fresca, recuperación desde relaves, calidad del agua, energía de tratamiento y volumen de descargas.
Porque puede determinar la continuidad operativa, los costos, el cumplimiento ambiental, la relación con otros usuarios y la viabilidad social de un proyecto.
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