En los últimos años, el concepto de innovación organizacional ágil ha ganado protagonismo en empresas e instituciones públicas. Aunque la transformación digital marcó la agenda durante una década, hoy las organizaciones están priorizando algo más profundo: cómo trabajan las personas y cómo sostener procesos de cambio adaptativos, colaborativos y centrados en valor.
Según el informe Unlocking government’s technology future de KPMG (2024), más del 85 % de líderes del sector público afirma que la prioridad ya no es incorporar más herramientas, sino adoptar formas de trabajo ágiles, flexibles y orientadas a resultados. La transformación dejó de medirse por la tecnología disponible y comenzó a evaluarse por la capacidad institucional de aprender, iterar y adaptarse rápidamente.
La evidencia académica respalda esta tendencia. Jean Pierre Seclén, docente y especialista en gestión de la PUCP, señala que innovar implica activar cambios en niveles individuales, organizacionales e institucionales. En su artículo Gestión de la innovación empresarial: un enfoque multinivel, explica que la innovación organizacional ágil funciona como “un sistema de interacciones” donde cultura, estructura y estrategia son fundamentales.
Esto explica por qué muchas iniciativas digitales fracasan cuando dependen únicamente de software: si los equipos no cambian su forma de coordinar, decidir o aprender, la tecnología no genera impacto real. Deloitte coincide. En su guía Success at scale (2022) advierte que la principal barrera para escalar innovación es humana: falta de capacidades colectivas como experimentación, gestión del riesgo o colaboración interárea.
En resumen: la agilidad no es un método, es una cultura.
Las organizaciones que adoptan innovación organizacional ágil ya están viendo cambios significativos. Entre los beneficios destacan:
Responder más rápido a cambios externos.
Reducir burocracias internas y permitir decisiones iterativas.
Trabajar en equipos multidisciplinarios con responsabilidad compartida.
Priorizar la entrega continua de valor.
Mejorar la transparencia y comunicación.
Experimentar de forma segura antes de invertir recursos.
En el sector público, países como Estonia, Reino Unido, Chile y Colombia han incorporado marcos ágiles para acelerar procesos y mejorar servicios. En el sector privado, áreas como finanzas, logística, telecomunicaciones y consultoría usan Scrum, Kanban, Lean Startup y modelos híbridos para mejorar su desempeño.
El mensaje global es claro: la agilidad es ahora una capacidad organizacional transversal, no exclusiva del mundo tecnológico.
En el contexto peruano, la adopción de modelos ágiles enfrenta desafíos como estructuras tradicionales, centralización en la toma de decisiones y poca tolerancia al error. Aun así, cada vez más instituciones buscan desarrollar capacidades internas para:
Investigaciones de la PUCP muestran que la institucionalidad se fortalece cuando las organizaciones desarrollan talento y competencias para liderar el cambio.
La innovación organizacional ágil no es una moda, sino un marco sostenible para adaptarse a entornos inciertos. Las organizaciones que prosperan hoy son aquellas que:
En un contexto dinámico, la agilidad es tanto una ventaja competitiva como un compromiso institucional.
En INNOVAPUCP acompañamos a organizaciones públicas y privadas en la implementación de modelos de innovación organizacional ágil. Combinamos investigación académica, experiencia metodológica y conocimiento operativo para diseñar soluciones que generen impacto real.
Si tu institución desea transformar su forma de trabajar y fortalecer sus capacidades internas, podemos ayudarte a implementar procesos de cambio sostenibles y orientados a resultados.
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